Si buscamos en un diccionario la definición de la palabra ‘Cultura’ encontraremos que es algo parecido al “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico” o al “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico o industrial, en una época, grupo social, etc.”. Acepciones certeras que, sin embargo, se quedan cortas para acercarnos a la capacidad de la cultura y sus diferentes expresiones de compensar y remover desigualdades o de implicación de la gente en procesos transformadores de su realidad inmediata. La cultura y las políticas culturales deben jugar un papel importante no solo en el desarrollo social, mejorando la cohesión social, sino también en el desarrollo económico, urbanístico, medio ambiental, turístico, etc. de los territorios.

La ciudad de Rivas ha tenido en el desarrollo de las políticas culturales y en la participación ciudadana de su tejido cultural uno de sus grandes ejes de socialización y conquista del espacio público, al poner el acento en la cultura como derecho social irrenunciable y como bien común. En Rivas sabemos que la cultura no es un tesoro destinado a lucirse en una vitrina, sino una apuesta constante por mantener viva nuestra capacidad de imaginar, de crear, de mezclarnos y urdir complicidades. Somos una ciudad inquieta y en permanente ebullición creativa.

Vivimos tiempos de recortes impuestos a las administraciones locales, de una tendencia a la ‘banalización’ de la cultura como simple espectáculo o recurso de entretenimiento al servicio del lucro privado, de negación de las expresiones artísticas en el espacio público y de precarización de los sectores industriales y profesionales especializados de la cultura.

En los últimos años, las políticas culturales municipales se han esforzado en resistir ante esa inercia manteniendo la apuesta por la Cultura como bien público, generando nuevos canales para fomentar la creación y formación cultural de base, o abriéndose a experiencias participativas de cogestión o autogestión de la programación cultural (Micro Abierto, Cinelab, fiestas de los barrios, entre otras). Igualmente, se ha redoblado tanto el arraigo con la creación cultural local (en la sección específica del festival Creat Rivas, potenciando la participación de realizadores/as ripenses; en la instauración de la Muestra Local de Artes Escénicas, en la mayor programación de actividades literarias con escritores y escritoras ripenses o con el sector editorial y librero local) como la intervención en el espacio público urbano de la mirada crítica y plural del arte (con la reformulación del Festival de la Cultura en la Calle). Otro elemento importante en los últimos años ha sido la optimización de los recursos propios del Ayuntamiento en la gestión de las políticas públicas culturales, prescindiendo de asistencias externas que apoyaban la producción de algunos programas (Cabalgata de Reyes, mediación en la contratación de espectáculos) o creando un canal público propio de venta de entradas que sustituye el servicio que prestaba un gran banco, por poner algún ejemplo.

Nos mueve la voluntad de seguir ahondando en este camino diverso, que combine la programación de eventos de primer nivel con la cultura popular cotidiana sin dejar de atender la experimentación y las propuestas más arriesgadas, que se preocupe por acercar lo máximo posible el acceso a la cultura a todos los barrios, que dé voz y tenga en cuenta a los y las artistas y creadoras locales, que tienda puentes de colaboración con el tejido económico cultural del municipio y que “crezca hacia adentro”, es decir, cuide y aproveche al máximo lo que ya tenemos, mejorándolo y dándole vida de la manera más participativa e inclusiva posible.

Para todo ello, es el momento de impulsar la definición de un Plan Municipal para la Cultura con la participación de diferentes sectores sociales y culturales que marque una estrategia de largo recorrido pensando en la ciudad del futuro y sus necesidades.

Además, e hilando más en lo concreto, nuestras propuestas para los próximos cuatro años pasan por:

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